21 de enero de 2019

Los 10 ladrones de tu energía y algunas reflexiones


Buscar la felicidad es probablemente más difícil que encontrar los secretos detrás del lienzo de la Mona Lisa. Un tema que concierne a cada uno de nosotros como personas, pero ¿y si esa felicidad no las está arrebatando? ¿Y si una energía maligna y poderosa es la causante de nuestra ansiedad y depresión? Aquí te muestro los 10 ladrones que drenan tu bienestar, y algo más.
¡Hola, adolescentes!

Me alegra a anunciar que tendremos una nueva categoría para el blog: Cambio personal. ¿En qué consiste? En nada más y menos que buscar tu mejor versión. Localizar el problema y, a partir de ahí mismo, reflexionar, cuestionar y encontrar una cura para cerrar definitivamente a aquella brecha que pudiera estar atormentándonos por años por culpa de unas cadenas oxidadas que, lamentablemente, llevamos puestas en un tobillo y queremos a aferrarnos a ellas sin más.

En esta entrada te hablaré sobre ladrones. Ladrones que absorben toda tu energía vital, tanto como física como mental y, a partir de mi experiencia (no como una personal profesional dedicada al 100% a la psicología), lo que puedes llegar a hacer para cambiar esa situación.

¡Comencemos!

Tu primer ladrón:

«Deja ir a personas que solo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás

Difícil o no, he tenido amigos (y de gente que poco conocí en mi vida), que se la pasan quejando por situaciones que no les corresponde. Una muy popular, por muy triste y lamentable que sea, es el típico desamor que tienen por otra persona. En palabras más sencillas; el dolor interno que sienten cuando sus ex parejas «corta» con ellos. En adolescentes, es un claro ejemplo de viscosidad impura por culpa de películas que tratan sobre el amor, y quien las mira, merece tener algo así. Un guion para él o para ella. Tristeza y felicidad al final de su propia historia.

No hay nada menos estoico que creer en una mentira así.

Tengo una amiga a la que se ha encadenado en no olvidar a cierta persona. ¿Y sabes cuál es lo peor de todo? Que, siempre que me necesita, acude a mí... cada año. Sí, tal y como lo oyes. ¿Y qué ganaba yo con escucharla? Nada. Siempre estaba dispuesto a ayudarla, pero ella misma no se ayudaba en sí. Corté la brecha ignorando su problema.

«Tus problemas son mis problemas», es una frase para incautos que desean que ciertas personas estén encadenadas a las desgracias de otros. Y tú debes a hacer lo contrario; cortar con amistades o dejarlas ir. No llores por ello o te pongas una máscara de indiferencia. Tu bienestar es primero. Y recuerda: estas personas no están dispuestas a escucharte a ti.

Tu segundo ladrón:

«Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quien te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.»

La primera idea de lo anterior, es que debes ser puntual a quienes debes dinero a otras personas. Así mismo, darás una sensación de confianza a terceros, pues te has comprometido en pagar tus cuentas a tiempo.

La segunda idea es la más cruda y la que menos sale bien, pues TODOS nosotros hemos cruzado los dedos para que dicha persona a la que hemos prestado dinero, cumpla con su promesa en devolvértelo. Sin embargo, la vida es cruda también en este sentido, y te toca liar con personas a las que le dan vuelta el asunto, que olvidan, que se hacen los sordos contigo. Peor aún, te ignoran tus mensajes y cuelgan tus llamas sin más.

Mi estimado; debes cortar tus relaciones con dichas personas... ahora mismo. Y no esperes que un adolescente logre poner en prioridad esto; si es que hay un adolescente leyendo estas líneas. Su nivel económico se basa en las mesadas de sus padres que bien estarán dispueston en gastarlos en comida o en bebidas alcohólicas.

Tu tercer ladrón:

«Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde un principio.»

Esta reflexión aplica para uno mismo. En lo personal, he dejado muchas cosas a medias y una de ellas es la razón de por qué intento entregar un post cada semana. Exacto; mi blog. Siempre me he prometido que cada semana les traería algo nuevo. Sin embargo, algunas veces me he visto con la difícil tarea de qué podría a hablar o escribir. Como suele decir mi mentor, los latinoamericanos somos perfectos para idealizar, pensar, pensar, pensar y más pensar. Pero a la hora de la ejecución, nos quedamos a atrapados en un vórtice de confort. Y de ahí jamás volvemos a salir.

La más popular de todas las promesas, es la de ir al gimnasio. Muy típica entre personas que ni siquiera son capaces de levantarse temprano, aunque sea para desayunar. Y tú, ¿cuál es tu promesa que has postergado en años? Aunque no lo creas, todos tenemos una. Y nadie es la excepción, a menos que seas muy disciplinado como mi maestro.

Tu cuarto ladrón:

«Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que prefieres no hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.»

Esto es completamente pragmático y estoico. Es una invitación a realizar dichas actividades que gocemos más que otras. Puede ser desde salir con un amigo, sacar al perro, estudiar arduamente un nuevo idioma, pasar un rato jugando en línea o en solitario a algún videojuego que nos maraville, ir a una clase de danza, tejer en una tarde silenciosa a lado de un buen puñado de galletas, leer en las primeras horas de las mañanas, realizar ejercicio... y una terminable lista por delante.

Como puedes ver, es algo sencillo pensar. Pero ¿lo ejecutas? ¿Eliminas a aquellas actividades que no son de tu a agrado? Por ejemplo, yo me esfuerzo mucho por dejar a un lado los videojuegos este año e intento cambiarlo por horas de cualquier otro aprendizaje más, como lo es en mi habilidad y uso de Photoshop o, bien, reforzar mi dominio intermedio del inglés. Y es ahí donde cambia el engrane de nuestro ladrón: ¿qué tareas son propicias a convertirse en un interminable vicio? Piénsalo y delega con cuidado qué merece estar encima de la otra. Y eso incluye a personas cercanas, como tu pareja o un mejor amigo.

Tu quinto ladrón:

«Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.»

Muchos ignoran que, a veces, el mismo ladrón es nuestra propia avaricia por querer a hacer más y más en un mismo día. Yo las he tenido y es seguro que a lo largo del año me vuelvan a pasar un par de centenas más. Pero hay que recordar que seguimos siendo personas. Y como personas, necesitamos de vez en cuando un descanso. ¿Te gustan las siestas? Ponte cómodo y duerme una o dos horas. No hay que olvidar que, si hay alguien que merece toda nuestra gratitud para realizar muchas cosas en nuestra jornada laboral o estudiantil, es nuestro cuerpo. El que es ignorado y asquerosamente cambiado por otras personas. 

Ten en cuenta esto: tu esfuerzo, tu mérito y de nadie más. Así de simple.

Por otra parte, la segunda idea es no quedarnos estancados en la idealización y saber a aprovechar muy bien las oportunidades que puedan presentársenos. Esto, en adolescentes, es quizás un poco más complicado. Ya que en muchas ocasiones ni ellos mismos sabrán qué es lo que desean o quieren. Y si quieren, es tener relaciones con la de su salón o ser el mejor huevón (flojo, perezoso) de la clase.

Tu sexto ladrón:

«Tira, levanta y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas.»

Lo anterior es un golpe crudo a los que le están atrapados en «reservarse» ciertas cosas del pasado. Ya sea un objeto simbólico, como una cadena o un peluche genérico. Lo cierto es que hay personas que se pegan mucho a ciertas cosas que le hacen recordar a otras personas que fueron importantes en su vida. Por ejemplo, quizás tengas guardado en el fondo de tu clóset las típicas cartas que se solías escribir a tus amigas o viceversa en la secundaria o el bachillerato. Es un recuerdo muy bonito, yo también tuve varias en el pasado, pero pregúntate lo siguiente: ¿vale la pena que todavía que las tengas ahí, escondidas en un rincón, acumulando polvo?

La respuesta es un rotundo no.

Deshazte de cosas que no necesites. En cambio, tendrás un espacio más libre en tu habitación, o quizás despejes a algunos cajones de tu escritorio... Así como cada fin de año le damos la bienvenida al nuevo año, ¿por qué no somos capaces de decirle adiós a las cosas viejas del pasado y darnos el gusto de a adquirir otras nuevas?

Recuerda, las memorias que hayas obtenido con tus anteriores amores, amigos o familiares, deben quedarse en tu interior. Si le das valor a ciertos objetos que no usas, acabarás acumulando nostalgia pura en tu habitación, que bien podrías cambiarla por una simple llamada y quedar a salir con una compañera de la escuela. Eso sí, tampoco es para que tires ciertas cosas, como un par de fotografías de tus anteriores amistades, pues a algún día tus hijos tendrán la curiosidad de saber cómo eras antes (si es que los quieres tener, claro). O a tu acompañante (pareja o esposa), que estaré seguro que le picará la curiosidad también.

Tu séptimo ladrón:

«Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos.»

Lo mismo que en la reflexión cinco; tu cuerpo merece el mayor reposo posible. Así podrás realizar tus labores con gran ánimo. Y escucha lo siguiente, uno de tus principios es nunca negociar tus horas de sueño, es decir, tu prioridad debe ser tú y tu cama. Nadie ni la mujer más bella o el hombre más guapo del mundo hará que rindas al 100% en tu jornada laboral o escolar.

No obstante, siempre habrá personas que hacen caso omiso a lo anterior. En cambio, prefieren desvelarse a «hablar» con esa persona especial. La elegida. Cuando ni siquiera has sido capaz de lanzarte a declarar a esa mujer que tanto les mueve el tapete. Y por supuesto, siempre respetar la norma de no trabajar más allá de lo que tu cuerpo no puede resistir.

Recuerda, cada año es un año menos de vida que tenemos. Envejecemos, queramos a aceptarlo o no. Y eso implica disciplina para al menos tratar de llevar una vida saludable.

Tu antepenúltimo y octavo ladrón:

«Enfrenta las situaciones tóxicas, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo.»

De acuerdo, aquí hay un par de puntos a considerar:

Primero, enfrentar situaciones tóxicas es poder resolverlas de la mejor manera posible. Una de ellas es saber controlar nuestras emociones. No quieras vértelas de héroe de película rescatando a un amigo, cuando antes tienes a algunos problemas que resolver, y que son tuyos y de nadie más. ¿Esto qué implica? Que si para ello requieras de ayuda personal; ve a buscarlo. Ni yo ni tú sabremos cómo resolver ciertas situaciones. Para eso están los psicólogos. Y por favor, no vayas a cometer el error de querer contárselo a la primera persona que veas conectada en Facebook o en línea en WhatsApp. Eso debería ir en contra de tus principios.

Segundo, tolerar tampoco significa que te pisoteen en la cara. Debes conocer tus límites, y si no lo pones, cualquier se aprovechará de tu «bondad» como persona.

Y tercero, comprende las situaciones de las otras personas. Si hablamos de un grupo en específico, como la de una acción positiva que bien podría ser, respetar la hora de salida al final del trabajo, es un cambio positivo que te proporcionará un bienestar. A nadie nos gustaría que no nos pagarán las horas extras del día anterior. Siempre y cuando esté en el rango de una buena acción negativa, y no por una descarada que intente sabotear a varios grupos a una persona en específica.

Tu penúltimo e inmoral noveno ladrón:

«Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.»

Algo de lo que me gusta del punto anterior, es que conozco a una persona que me ha contado últimamente que quiere «acaparar» todo en el menor tiempo posible y no a aceptar su pasado, queriendo venderme la idea de que su ex novio fue su «ser» y que la «inspiró» más que nadie en este mundo.

Si hay algo más doloroso en esta generación de jóvenes flojos y asustadizos, es la de querer a fuerza no desprenderse de esa persona a la que tanto «amaste».

Aprende de una JODIDA y maldita vez que esa persona no te mantiene. No te proporciona lo necesario para sobrevivir. Es una mentira que quieras creer que es la elegida o el elegido. ¡Basta ya! Abre los ojos de una vez, y conecta con tu entorno. ¿Qué vez? ¿O a quiénes vez? ¿Estás solo o acompañado? Exacto, quizás estás leyendo esta línea de manera solitaria en tu casa o en un parque, mientras el sol penetra tu piel con calidez... sin que nadie más tenga que a hacerlo por ti.

Si has cortado o te cortaron con alguien; acepta de una vez que no está en tu control querer cambiar la situación. Este punto es el más letal de todos, porque creemos que, si cambiamos algo de nosotros mismos, esa persona volverá a fijarse en nosotros. Y no hay nada más antinatural que querer cambiar nuestro estilo de vida por otra persona a la que solo conocimos un par de meses o años.

Antes de querer corresponder a otra persona, correspóndete a ti mismo. Tu eres tú, y siempre has estado ahí. Tú sabes cómo eres y en que dirección quieres ir. Tu barco; tus reglas.

¿Perdiste una amistad de más de tres años? Acéptalo y sigue a adelante.

¿Te corrieron de tu trabajo? Acéptalo y ponte a buscar otro mejor, que los vacantes son muy pocos.

¿Te hirió esa falsa «elegida» de manera brusca cuando te la declaraste? Acéptalo y aprende a comprender que, antes de querer una relación, debemos conocer lo que nosotros queremos y lo que no estamos dispuestos a negociar por la atención de otra persona.

Y tu décimo y más mortífero ladrón de toda la vida:

«Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.»

Y aquí tenemos el núcleo de todos nuestros problemas: el rencor.

Sí, rencor de ciertas personas que nos hicieron daño a alguna vez. Llevas años y años acumulando ese odio, desatándolo de poco a poco en tus nuevos ámbitos. Y ¿por qué? Porque no has sido capaz de perdonarte a ti mismo. De cerrar definitivamente la última brecha como es debido.

No importa cuánto daño te hayan hecho esas personas. Ya no están aquí. Quizás ni existan en esta vida. A lo mejor ellos se han lamentado de todos sus pecados en el pasado y se han perdonado a sí mismos antes que tú. Pero tú, querido adolescente adulto, no has querido reconciliarte con tu pasado. Prefieres seguir visualizando ese mal momento cada vez que tu mente quiere y que te obligar a realizarlo.

Hay que aprender a disolver los malos recuerdos perdonando a todos los que nos hirieron a alguna vez en el pasado. Solo así, en tu más profundo ser, llegará estar en paz consigo mismo.

Perdona y abraza.

Perdona y dejar ir.


Tenzin Gyatso, 14° Dalai Lama

¡Hasta la próxima, adolescentes!

Créditos a Melody que utilicé a algunas de las imágenes que usa para sus videos.
El banner que abre esta entrada: https://www.youtube.com/watch?v=Fcv63UApXQ8

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